Por Álika Vargas
El pasado 29 de mayo murió el filósofo y sociólogo francés Edgar Morín, teórico del pensamiento complejo, cuya aportación a la pedagogía se refleja, entre otros muchos legados, en el documento que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Tecnología (UNESCO) plasmó en 1999: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Precisamente la incertidumbre en el futuro, uno que fuera viable para todas, todos y todes así como los esfuerzos desde el organismo internacional para impulsar un desarrollo sostenible desde la palanca que significa la educación, motivaron al intelectual a participar con sus aportaciones.
Sea este un homenaje al pensador cuya obra y herencia intelectual resulta pertinente de revisar en un momento de vorágine tecnológica, de aires que apuntan a la predominancia de una visión individualista, de la recompensa que supone la inmediatez y la peligrosa apología de lo superfluo; todos ellos, rivales a vencer en las aulas y fuera de ellas.
Para Morín la educación debe centrarse en 7 pilares fundamentalmente: La ceguera del conocimiento, dudar para aprender a pensar con lucidez puesto que todo conocimiento está expuesto al error o la ilusión; el conocimiento pertinente, supone contextualizar y practicar la interdisciplinariedad para encontrar lo verdaderamente útil; enseñar la condición humana, el abordaje de lo humano con su complejidad y conformación físicobiocultural y sociohistórica; identidad terrenal, se reconoce el sentido de pertenencia global y el cuidado de la casa común, nuestro planeta; enfrentar la incertidumbre, aunque el futuro es impredecible y cambiante hay que estar preparado para ello y adaptarnos a lo inesperado.
La enseñanza de la comprensión, un ingrediente lleno de empatía y respeto a lo distinto, pero reconociéndonos como parte de un todo incluyente y tolerante, rico pero diverso y la ética del género humano propone un comportamiento responsable hacia los demás conectando al individuo con la sociedad y fomentando la solidaridad y el respeto mutuo.
Cada uno de esto pilares sin duda merece un análisis exhaustivo. Son motivo de eruditas reflexiones; sin embargo, el componente humanista y de sustentabilidad que conllevan los vuelve pertinentes y dignos de ser revisados para incorporarlos a nuestro bagaje pedagógico o didáctico. Estos pilares pueden ser herramientas metodológicas que enriquezcan la práctica docente ecléctica que cotidianamente nos saca de apuros cuando de cumplir con planes y programas se trata y para evidenciar los aprendizajes esperados o niveles de logro de nuestros estudiantes, desde un abordaje distinto.
Hoy como hace 27 años, cuando se dieron a conocer por la UNESCO estos pilares, la apuesta de la educación sigue siendo contribuir importantemente a la construcción de sociedades más justas, equitativas y felices; donde el bienestar sea colectivo y generalizado. Sociedades donde se normalice construir un proyecto de vida posible, deseable, alcanzable y apoyado por los guardianes de los sectores de atención prioritaria: El Estado, el gobierno y sus instituciones.
La docencia es una vocación, un apostolado, una actividad apasionante, un desafío cotidiano. Labor fundamental que contribuye al progreso y al desarrollo de la sociedad. Alguna vez escuché que enseñar es un arte, por la belleza que conlleva, pero también por la complejidad. Este espacio de escritura está inspirado en quienes hemos decidido incursionar en la actividad de acompañar a otros a aprender.
El hecho educativo es complejo pero fascinante; retador pero muy gratificante, porque supone contribuir a transformar existencias. Detenerse un momento en el ritmo acelerado de la cotidianidad, aún con los mil pendientes que nunca terminan, para desde la serenidad de la pausa, reflexionar entorno a tantas cosas que rodean a la educación y sus protagonistas, es la intención de este espacio que me recomendó una colega, sea pequeño pero productivo; ameno pero interesante; digerible pero sustancioso. Un espacio lleno de recordatorios, recomendaciones, tips, probaditas de pedagogía; llamadas de atención que inspiren a la búsqueda de información y motiven a la curiosidad. Así sea pues, desde ahora.
Educa al niño del presente para no sancionar al adulto del mañana
