*Cuando una pregunta de una joven de dieciséis años me obligó a pensar en la vida

Por: Fernando Lira Flores*

¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.

Iniciamos…

No imaginaba que, una de las reflexiones filosóficas más interesantes que he intentado interpretar y plasmar por escrito, surgiría de una conversación breve por WhatsApp.

Todo comenzó cuando una estudiante de bachillerato de dieciséis años, me planteó una pregunta aparentemente sencilla, pero muy profunda.

Continuamos…

Debo aclarar que, aunque la comunicación con mi alumna ha sido limitada, bastaron algunos intercambios, para percibir en ella cualidades que no siempre son fáciles de encontrar en los adolescentes, que son: una curiosidad genuina por comprender la vida, una creatividad que se refleja incluso en la realización de sus tareas y una disposición poco común para cuestionar aquello que muchos simplemente aceptan.

Su pregunta me condujo inmediatamente a una de las ideas más conocidas de Arthur Schopenhauer, -como ella quería saber- que es: la vida como un péndulo que oscila constantemente entre el dolor y el aburrimiento.

Desde una perspectiva personal, este filósofo indicaba que: cuando deseamos algo que no poseemos experimentamos sufrimiento. Así, los adolescentes en esta época, anhelan el reconocimiento, éxito, afecto, aceptación o cualquier otra meta que consideran importante.

Sin embargo, cuando finalmente alcanzan aquello que desean, la satisfacción suele ser temporal y, pronto aparece una nueva inquietud. Entonces surge el aburrimiento y comenzamos nuevamente a perseguir otro objetivo.

Si somos sinceros con nosotros mismos, descubriremos que esta descripción no resulta tan extraña. ¿Cuántas veces hemos esperado algo con intensidad para descubrir, una vez obtenido, que la felicidad prometida no era tan permanente como imaginábamos?

Quizá ninguna etapa de la vida refleja mejor esta realidad que la adolescencia; ya que, a los dieciséis años, el mundo parece estar lleno de posibilidades y, al mismo tiempo, de incertidumbres.

Los adolescentes hoy, buscan pertenecer a un grupo, encontrar una identidad propia, alcanzar metas académicas, descubrir el amor y construir un proyecto de vida. Y, para ellos, cada logro parece definitivo y cada fracaso parece enorme.

Pero detrás de esas experiencias, se encuentra una pregunta que acompaña a muchos jóvenes de hoy que es: ¿por qué, aun teniendo más oportunidades, más tecnología y más formas de entretenimiento que generaciones anteriores, seguimos sintiendo vacíos que no siempre sabemos explicar?

Desde Schopenhauer, podría ser que la naturaleza humana nunca permanece satisfecha por mucho tiempo. Sin embargo, otros filósofos fueron más allá.

Martin Heidegger, en Ser y tiempo, nos recuerda que el ser humano no es simplemente alguien que existe, sino alguien que constantemente se pregunta por el sentido de su existencia.

Esto es, que vivimos proyectándonos hacia el futuro, imaginando posibilidades y construyendo aquello que podemos llegar a ser.

Jean-Paul Sartre, en El ser y la nada, profundiza todavía más esta idea al afirmar que, no nacemos con un destino completamente definido. Recordemos que somos nosotros quienes, a través de nuestras decisiones, vamos construyendo nuestra propia esencia.

En otras palabras, no estamos condenados únicamente a oscilar entre el dolor y el aburrimiento; también somos responsables de dar significado a nuestra vida.

Esta reflexión resulta particularmente importante en nuestro tiempo; porque vivimos rodeados de estímulos permanentes. Y, cuando aparece el silencio buscamos ruido. Cuando surge la espera buscamos una pantalla. Cuando sentimos aburrimiento intentamos eliminarlo de inmediato.

Sin embargo, quizá el aburrimiento no sea solamente un problema. Tal vez sea el espacio donde nacen las preguntas importantes.

Del mismo modo, el dolor tampoco es siempre un enemigo. Aunque nadie lo desea, muchas veces es el dolor quien nos obliga a crecer, a replantear nuestras prioridades y a descubrir aspectos de nosotros mismos que permanecían ocultos.

Tal vez por eso la filosofía sigue siendo necesaria. No porque elimine nuestras dificultades, sino porque nos ayuda a comprenderlas y, nos recuerda que detrás de cada inquietud existe una oportunidad para conocernos mejor.

Cuando la alumna me formuló aquella pregunta, probablemente no imaginó que estaba planteando una cuestión que ha acompañado a pensadores durante siglos.

Las reflexiones que siguen nacen de esa inquietud; así como del encuentro entre la mirada crítica de Schopenhauer y la esperanza existencial de Heidegger y Sartre; pero, ante todo, nacen de la sensibilidad de una joven que decidió preguntarse por el sentido de la vida, en una época donde muchas veces parece más fácil distraerse que reflexionar.

Y quizá, antes de finalizar, valdría la pena detenernos un instante para formularnos una pregunta importante: Si la vida continúa oscilando entre el dolor de lo que nos falta y el aburrimiento de lo que ya hemos conseguido, ¿estamos simplemente reaccionando a cada movimiento del péndulo o estamos construyendo una razón suficientemente profunda para que nuestra existencia tenga sentido más allá de sus oscilaciones?

Si este artículo despertó alguna reflexión o inquietud, entonces valió la pena. Te invito a compartir tus comentarios y puntos de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque tu voz también construye este espacio.

* Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.