El maestro que cambia vidas a partir de la pedagogía holística y el desafío de enseñar para vivir
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Mi nombre es Fernando Lira Flores. Gracias por acompañarme una vez más en El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo, un espacio para detenernos unos minutos, cuestionar nuestras certezas y descubrir nuevas formas de comprender el mundo y a nosotros mismos.
A petición de la Doctora Martha Delgado se escribe este artículo, debido a su interés en el tópico a tratar hoy día.
Permítame comenzar con una pregunta sencilla.
Cuando piensa en los mejores maestros que tuvo a lo largo de su vida, ¿qué recuerda realmente de ellos? ¿Una fórmula matemática? ¿Una fecha histórica? ¿O la manera en que lograron hacerle sentir capaz cuando usted dudaba de sí mismo?
Lo más probable es que recuerde a aquel profesor que creyó en usted cuando nadie más lo hacía, a la maestra que escuchó sus inquietudes o al docente que despertó una pasión que aún conserva. Y es que los grandes maestros dejan una huella que trasciende los contenidos académicos.
La razón es sencilla y es porque, educar nunca ha consistido únicamente en transmitir conocimientos. Educar implica influir en la manera en que una persona comprende el mundo, se comprende a sí misma y construye su proyecto de vida.
Sin embargo, durante décadas, los sistemas educativos privilegiaron una visión centrada en los contenidos, los exámenes y los resultados medibles. Y así, el éxito escolar comenzó a evaluarse mediante calificaciones, estadísticas y evaluaciones estandarizadas. En consecuencia, muchos docentes fueron preparados para enseñar asignaturas, pero no necesariamente para formar seres humanos integrales.
El problema es que la realidad actual, nos demuestra que saber mucho no siempre significa estar preparado para vivir.
Continuamos…
Hoy, encontramos personas con amplios conocimientos técnicos, pero que tienen dificultades para trabajar en equipo, gestionar emociones, resolver problemas y conflictos o enfrentar la incertidumbre.
Del mismo modo, observamos jóvenes capaces de acceder a cantidades inmensas de información desde sus dispositivos móviles, pero que con frecuencia no encuentran respuestas a preguntas fundamentales sobre quiénes son, qué desean o cuál es el propósito de sus esfuerzos.
Es precisamente aquí donde cobra relevancia la pedagogía holística.
La palabra holística proviene del término griego holos, que significa totalidad. Su planteamiento parte de una idea humana que indica que, las personas no pueden comprenderse ni desarrollarse plenamente si son reducidas únicamente a una dimensión intelectual.
Recuerda que los seres humanos somos pensamiento, pero también emociones. Somos conocimientos, pero también valores. Somos razón, pero también sensibilidad. Somos individuos, pero también relaciones. Somos presente, pero también sueños y proyectos futuros.
Desde esta perspectiva, la educación deja de ser un proceso orientado exclusivamente a transmitir información y, se convierte en una experiencia destinada a favorecer el desarrollo integral de la persona.
La pedagogía holística no pretende sustituir las matemáticas, las ciencias, la literatura o la tecnología. Por el contrario, reconoce plenamente su importancia.
Lo que propone, es complementarlas con el desarrollo de la inteligencia emocional, el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía, la conciencia social y la capacidad para encontrar significado en la propia existencia.
Pero si la educación cambia, también debe cambiar la forma de enseñar.
Durante mucho tiempo el profesor fue visto como la principal fuente de conocimiento. El maestro explicaba y el estudiante escuchaba; el docente preguntaba y el alumno respondía; así, el profesor poseía las respuestas y el estudiante debía aprenderlas.
Sin embargo, el siglo XXI exige algo diferente.
En un mundo donde la información se encuentra a un clic de distancia, el valor del docente ya no reside únicamente en transmitir datos, sino en ayudar a interpretarlos, analizarlos y convertirlos en conocimiento significativo.
El docente contemporáneo está llamado a convertirse en guía, facilitador y acompañante del aprendizaje.
Y, más que transmitir respuestas, necesita ayudar a formular preguntas. Más que enseñar qué pensar, debe enseñar cómo pensar. Más que promover la memorización, debe fomentar la comprensión. Más que formar estudiantes obedientes, debe contribuir a formar ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con su entorno.
Sepa que la pedagogía holística también nos recuerda que detrás de cada estudiante existe una historia distinta.
Algunos llegan al aula con inseguridades; otros enfrentan dificultades familiares; algunos requieren apoyo académico; otros necesitan, antes que cualquier contenido, alguien que los escuche y los haga sentir valiosos.
Por ello, el docente que transforma vidas no es necesariamente quien domina más información, sino quien comprende que enseñar implica establecer vínculos humanos significativos.
Es quien reconoce que, cada estudiante posee talentos únicos y que la educación comienza cuando una persona descubre que es capaz de aprender, crecer y construir un futuro diferente.
Esta reflexión trasciende las aulas.
Incluso, las organizaciones modernas también han comprendido que el éxito no depende únicamente de los conocimientos técnicos. Hoy se valoran habilidades como la comunicación, la empatía, el liderazgo, la colaboración, el equipo de trabajo y la capacidad de adaptación.
Las competencias humanas que promueve la pedagogía holística son precisamente las que demanda el mundo laboral actual.
Por ello, educar integralmente no es una moda pedagógica ni una aspiración idealista. Es una necesidad social.
Tal vez por eso seguimos recordando a ciertos maestros muchos años después de abandonar la escuela.
No porque nos enseñaron una definición, sino porque nos ayudaron a descubrir quiénes podíamos llegar a ser, y no porque nos prepararon para un examen, sino porque nos prepararon para enfrentar la vida.
Quizá ahí se encuentra el verdadero desafío educativo de nuestro tiempo, que podría ser, dejar de preguntarnos únicamente, ¿qué contenidos deben aprender nuestros estudiantes y comenzar a reflexionar sobre qué tipo de seres humanos estamos ayudando a formar?
Porque toda educación, refleja una idea de persona; y toda sociedad termina siendo el resultado de la educación que ofrece a sus ciudadanos.
Antes de despedirme, le dejo algunas preguntas para reflexionar: ¿Qué habilidades humanas deberían desarrollarse con la misma importancia que los conocimientos académicos?
Y tal vez el verdadero maestro que cambia vidas es aquel que comprende que educar no consiste solamente en llenar una mente de conocimientos, sino en ayudar a formar seres humanos capaces de comprender el mundo, transformarlo y encontrar su lugar dentro de él.
Hasta el siguiente artículo del Ser y la Nada. Esencia y tiempo, donde daremos continuidad e intentaremos profundizar más respecto de este tema.
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* Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.
