*Cuando el liderazgo comenzó a transformar la gestión educativa (Parte 1)
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.
Hay algo que siempre me ha llamado la atención cuando visito escuelas.
Algunas tienen una energía especial. Se percibe en los pasillos, en las conversaciones entre docentes, en la forma en que los estudiantes participan en clase y hasta en la manera en que las familias se involucran en la vida escolar.
Son instituciones que avanzan con paso firme, que inspiran y que parecen saber exactamente hacia dónde se dirigen.
Sin embargo, también existen otras escuelas que, a pesar de contar con recursos, infraestructura adecuada y personal capacitado, parecen caminar sin rumbo. Cumplen con sus actividades, elaboran informes y desarrollan proyectos, pero algo parece faltar. Es como si hubieran perdido la brújula que alguna vez orientó su camino.
Durante mucho tiempo pensé que la diferencia estaba en el presupuesto, en la tecnología disponible o en las condiciones materiales. Con el paso de los años descubrí que, en muchas ocasiones, la verdadera diferencia se encuentra en algo más profundo: el liderazgo.
Recuerdo la historia de una directora que asumió la responsabilidad de una escuela con múltiples desafíos. Los docentes trabajaban de manera aislada, las reuniones se habían convertido en simples trámites administrativos y los estudiantes mostraban cada vez menos interés por aprender.
A primera vista, los indicadores reflejaban problemas académicos y organizativos. Sin embargo, al recorrer los pasillos y conversar con la comunidad escolar, ella percibió algo que ninguna estadística mostraba, que la escuela había comenzado a perder su esencia.
Nadie parecía recordar por qué había decidido dedicarse a la educación. Los maestros cumplían con sus funciones, pero muchos habían dejado de encontrar sentido a su labor. Los estudiantes asistían a clases, pero pocos podían explicar qué soñaban para su futuro. La institución funcionaba, sí, pero había dejado de inspirar.
Ante esa realidad, la directora pudo haber optado por imponer nuevas reglas, exigir resultados inmediatos o aumentar los controles administrativos. Sin embargo, eligió un camino diferente que fue escuchar.
Dedicó semanas enteras a conversar con docentes, estudiantes y familias. Les preguntó qué esperaban de la escuela, cuáles eran sus preocupaciones y qué obstáculos encontraban para alcanzar sus metas.
Poco a poco, aquellas conversaciones comenzaron a revelar algo que había permanecido oculto durante años; que todos compartían el deseo de que la escuela volviera a ser un espacio donde cada estudiante pudiera descubrir sus capacidades y desarrollar su máximo potencial.
Fue entonces cuando empezó a surgir una visión compartida.
Y quizá ahí se encuentra una de las lecciones más importantes del liderazgo transformacional, que indica que: las personas no siguen únicamente planes de trabajo o instrucciones, sino que, siguen propósitos que les permiten encontrar significado en lo que hacen.
Entonces, los líderes transformacionales comprenden esta realidad; su tarea no consiste solamente en administrar recursos o supervisar procesos, sino que, su verdadero desafío es ayudar a que las personas reconecten con aquello que les da sentido.
Por ello, una de las características más importantes de este modelo de liderazgo es, la llamada influencia idealizada. Dicho de manera sencilla, las personas confían en quienes predican con el ejemplo.
Si un director desea que los docentes innoven, debe estar dispuesto a aprender junto con ellos. Si espera colaboración, debe ser el primero en colaborar. Si promueve una cultura de respeto, sus acciones deben reflejar ese valor todos los días.
La transformación comienza cuando el liderazgo deja de apoyarse exclusivamente en la autoridad del cargo y, se sustenta en la autoridad moral del ejemplo.
Pero el liderazgo transformacional va más allá. También busca despertar una motivación compartida.
Algunos docentes dejan de preparar clases únicamente porque forma parte de sus responsabilidades y, comienzan a hacerlo porque comprenden el impacto que tienen en la vida de sus estudiantes. Otro punto sería que, las reuniones dejan de ser un requisito administrativo para convertirse en espacios de construcción colectiva.
Cuando esto ocurre, la escuela empieza a recuperar su identidad.
Y es precisamente aquí donde surge una pregunta imperante para toda comunidad educativa: ¿quiénes somos y qué queremos llegar a ser?
Puede parecer una pregunta sencilla, pero contiene una enorme fuerza transformadora. Las instituciones que logran responderla con claridad suelen encontrar la energía necesaria para enfrentar los desafíos del presente y construir el futuro que desean.
Quizá por eso el liderazgo transformacional resulta tan relevante en nuestros días. Ya que, no busca únicamente mejorar indicadores académicos o resolver problemas administrativos. Busca transformar personas. Y cuando las personas cambian, las organizaciones también cambian.
Las escuelas actuales con vistas a futuro, necesitan líderes capaces de mirar más allá de la rutina, de los formatos y de los procedimientos. Necesitan líderes que recuerden constantemente que la educación tiene sentido porque transforma vidas.
Pero si descubrir quiénes somos constituye el primer paso, surge entonces una nueva pregunta: ¿cómo convertir esa visión compartida en acciones concretas, capaces de mejorar la gestión educativa y fortalecer el aprendizaje de nuestros estudiantes?
De eso hablaremos en nuestra próxima entrega.
Mientras tanto, te invito a reflexionar lo siguiente: ¿Tu escuela está viviendo de su historia o está construyendo activamente el futuro que desea alcanzar?
Si este artículo despertó alguna reflexión o inquietud, entonces valió la pena. Te invito a compartir tus comentarios y puntos de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque tu voz también construye este espacio.
