GRACIAS A LA VIDA
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.
Hoy quiero compartir una reflexión distinta a la de los otros artículos de opinión que anteceden a este.
Continuamos…
Hace unos días me pregunté ¿qué significa realmente cumplir años?
Ya que, durante gran parte de nuestra vida solemos contar el tiempo mediante calendarios, aniversarios y fechas importantes. Sin embargo, mientras más avanza la vida, más comprendo que la edad es mucho más que una cifra.
Los años son historias y cada uno guarda experiencias, alegrías, errores, aprendizajes, sueños cumplidos y otros que aún esperan su momento.
Hoy, al mirar hacia atrás descubro que la vida ha sido una extraordinaria maestra y compañera conmigo.
Me enseñó que existen triunfos que llegan después de muchas caídas, que algunas derrotas terminan convirtiéndose en lecciones y que los caminos inesperados suelen conducirnos hacia lugares que jamás habíamos imaginado.
En este momento, vivimos en una época que admira la velocidad, la juventud y lo inmediato; sin embargo, existe algo que solo el tiempo puede ofrecer que es la experiencia de vida.
Para un servidor, la experiencia nos enseña a distinguir lo urgente de lo importante; nos ayuda a comprender que ninguna tormenta dura para siempre y que muchas preocupaciones que parecían inmensas terminan convirtiéndose en simples recuerdos.
Con los años he comprendido que el éxito no siempre consiste en tener más, sino en valorar mejor aquello que ya tenemos.
Por eso hoy quiero agradecer.
Agradecer los momentos felices que me permitieron sonreír; agradecer los momentos difíciles que me hicieron más fuerte; agradecer a las personas que caminaron junto a mí y también a quienes, al partir, dejaron enseñanzas que permanecen hasta nuestros días.
Agradezco también la oportunidad de aprender, de enseñar, de equivocarme y volver a comenzar. Porque la vida, al final, es una escuela permanente donde cada experiencia tiene algo que decirnos.
Pero quizá la lección más importante que me ha regalado el tiempo esta existencia terrenal en que la edad no representa el final de los sueños.
Para mí, no existe la idea de que los sueños pertenecen únicamente a los jóvenes. Yo pienso lo contrario que, mientras exista una meta por alcanzar, un proyecto por construir, una idea por escribir o una persona a quien ayudar, la vida conserva su sentido más profundo.
Los años pueden transformar nuestro rostro, pero son los sueños los que mantienen viva nuestra esencia.
Por eso considero que la verdadera juventud no depende de la edad, sino de la capacidad de seguir mirando hacia adelante con esperanza.
Al final, el dilema no es cuántos años hemos vivido; sino la verdadera cuestión es qué hemos hecho con ellos.
Hoy en este cumpleaños 65, miro el camino recorrido con gratitud y el camino que falta por recorrer con ilusión; porque todavía hay metas, proyectos y sueños esperando convertirse en realidad.
Y mientras eso ocurra, seguiré avanzando.
Por eso, en esta ocasión, solo quiero decir: Gracias, vida. Gracias por todo lo vivido. Gracias por todo lo aprendido. Y gracias, sobre todo, por todo aquello que aún está por venir. Y ante todo, gracias a ustedes por leer esta columna de opinión.
Hasta la próxima.
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Hasta el siguiente artículo de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo, donde quizá la cuestión más importante no sea cuántos años tienes, sino cuantos sueños y objetivos te faltan por cumplir.
*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.
