Educar para comprender la tecnología o solo utilizarla

Por: Fernando Lira Flores*

¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.

Hoy vivimos rodeados de tecnología. Despertamos viendo el celular, trabajamos frente a una pantalla y terminamos el día navegando entre redes sociales, videos o inteligencia artificial.

Entonces, la tecnología ya no es algo externo, sino que, forma parte de nuestra vida diaria y hasta de nuestra manera de pensar.

Pero quizá la cuestión más importante no sea cuánto usamos la tecnología… sino cuánto la comprendemos realmente.

Durante años creímos que enseñar tecnología era simplemente aprender a usar programas, plataformas o aplicaciones. Parecía suficiente saber hacer presentaciones, navegar en internet o enviar tareas digitales para hablar de educación tecnológica.

Sin embargo, usar tecnología no significa entenderla.

Hoy, muchos jóvenes manejan redes sociales e inteligencia artificial con enorme facilidad, pero pocas veces se preguntan quién controla la información que consumen, qué pasa con sus datos personales o cuánto dependemos ya de los algoritmos para decidir qué vemos, qué compramos e incluso qué pensamos.

Como consecuencia, podemos valorar si, ¿Estamos formando estudiantes críticos… o solamente usuarios digitales?

Para ello, basta observar cualquier salón de clases.

Mientras un docente explica un tema, varios alumnos revisan el celular debajo de la mesa. Otros entregan tareas hechas con inteligencia artificial, pero son incapaces de explicar lo que acaban de escribir.

Y ahí aparece otra pregunta importante que es: ¿La tecnología está ayudando a pensar… o solamente está haciendo más rápida la superficialidad?

Porque, saber buscar información no siempre significa comprenderla.

Además, pocas veces pensamos en todo lo que existe detrás del mundo digital. Cada búsqueda, fotografía o video depende de enormes centros de datos, servidores y sistemas que consumen energía, agua y recursos naturales todos los días.

Por lo tanto, la “nube” no vive solo en el aire, también tiene impacto ambiental.

Quizá por eso, una de las tareas más importantes de la educación actual, sea enseñar a observar lo que normalmente pasa desapercibido.

Imaginen a un docente pidiendo a sus alumnos identificar cámaras, antenas o infraestructura tecnológica en su comunidad, y después preguntarles: ¿Quién controla estos sistemas? ¿Qué tanto dependemos de ellos? ¿Cuánto de nuestra privacidad entregamos diariamente sin darnos cuenta?

En ese momento, la tecnología deja de parecer algo mágico y comienza a entenderse como parte de una realidad social, económica y política mucho más compleja, que es: educar también significa enseñar a cuestionar.

Otro problema es que vivimos hiperconectados, pero cada vez más distraídos. Tenemos acceso inmediato a millones de datos, pero menos tiempo para reflexionar.

O, como indica la paradoja de la tecnología: a mayor avance tecnológico tenemos menos tiempo libre, como escribió el economista Staffan Linder en 1970

Muchos jóvenes consumen contenido digital durante horas, pero pocas veces utilizan la tecnología para crear algo que ayude a otros o transforme su realidad. Y quizá ahí exista una gran oportunidad educativa.

Tal vez el reto no sea solamente enseñar a consumir tecnología, sino enseñar a usarla con sentido humano para crear proyectos, compartir conocimiento, resolver problemas y comprender el impacto que nuestras acciones digitales tienen sobre los demás.

Porque, el verdadero desafío no consiste únicamente en adaptarnos a la tecnología, sino en evitar que la velocidad digital sustituya nuestra capacidad de pensar.

Así pues, la inteligencia artificial seguirá avanzando, las plataformas cambiarán y la tecnología continuará evolucionando. Pero seguirá siendo profundamente humano detenernos a preguntar:

¿Qué tipo de sociedad estamos formando?
¿Personas críticas… o consumidores permanentes?
¿Ciudadanos capaces de reflexionar… o individuos que aceptan todo sin cuestionarlo?

Tal vez el futuro no dependa solamente del avance tecnológico, sino de nuestra capacidad para seguir pensando éticamente en medio de tanta inmediatez.

Porque quizá el mayor riesgo de nuestra época no sea que las máquinas piensen como humanos… Sino que los humanos dejemos de reflexionar como tales.

Si este artículo despertó alguna reflexión o inquietud, entonces valió la pena. Te invito a compartir tus comentarios y puntos de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque tu voz también construye este espacio.

Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.