La crisis no es el calendario, es la falta de planeación

Por: Fernando Lira Flores*

¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.

Pensemos un instante…

Cada vez que el calendario escolar cambia, que las jornadas laborales se reducen o que los tiempos administrativos se acortan, aparecen voces de inconformidad en escuelas, oficinas y empresas.

Continuamos…

Estos cambios producen voces tales como: “ya no alcanza el tiempo”, que “todo se hace al vapor”, que “las autoridades no entienden la realidad”. Sin embargo, detrás de esas quejas existe una verdad mucho más profunda y dolorosa que es: no hemos aprendido a planear verdaderamente nuestra existencia institucional ni humana.

De este modo se indica que vivimos atrapados entre el Ser y la Nada. Entre aquello que deseamos construir y el vacío que deja la improvisación.

Recuerda que el tiempo no es solamente un recurso administrativo; es en sí, la materia misma de la vida. Y quien no aprende a organizar su tiempo termina siendo arrastrado por él.

En educación esto se vuelve evidente. Muchos docentes trabajan con enorme vocación, pero también bajo dinámicas de urgencia permanente. Muchas autoridades anuncian cambios sin construir rutas claras de transición. Y muchas instituciones funcionan dependiendo más del sacrificio humano que de procesos inteligentes de organización.

Entonces surge una pregunta… ¿La crisis educativa nace realmente de los cambios… o de nuestra incapacidad para anticiparnos a ellos?

Henri Fayol sostenía que administrar es prever, organizar, dirigir y controlar. Pero prever implica pensar antes del desastre, no durante él. Así pues, una escuela que colapsa ante una modificación de calendario revela que nunca tuvo una planeación sólida, sino apenas una rutina repetida.

Lo mismo ocurre en las empresas. Imaginemos una fábrica donde de pronto disminuyen las horas de operación. Una organización inteligente reorganiza procesos, elimina desperdicios y prioriza objetivos. Una organización improvisada culpa al entorno mientras el caos consume a sus trabajadores.

¿No ocurre exactamente lo mismo en muchas instituciones educativas?

El problema no es únicamente que cambien las condiciones. El verdadero problema es que seguimos confundiendo planeación con burocracia. Se llenan formatos, se copian planeaciones y se producen documentos administrativos, pero pocas veces se construyen estrategias reales para enfrentar escenarios previstos e imprevistos.

Aquí aparece una de las grandes enseñanzas de Kaoru Ishikawa, quien afirmaba que los problemas no deben esconderse, sino analizarse desde su raíz. Su famoso diagrama causa-efecto (espina de pescado), mostraba que toda crisis tiene múltiples factores conectados.

Entonces vale la pena preguntarnos… ¿La falta de tiempo es realmente el problema… o apenas el síntoma visible de una mala organización?

Ishikawa comprendió que la calidad no depende solamente del esfuerzo individual, sino de sistemas completos capaces de mejorar continuamente. Y allí entra el modelo Kaizen, o sea, la filosofía japonesa de la mejora continua.

El Kaizen enseña algo profundamente humano: no se trata de cambiar todo de golpe, sino de mejorar cada día un poco.

Entonces, una escuela mejora cuando aprende a reorganizar evaluaciones desde el inicio del ciclo. Una empresa mejora cuando optimiza procesos antes de entrar en crisis. Una persona mejora cuando deja de vivir reaccionando y comienza a vivir anticipando.

Pero para ello se necesita humildad institucional, organizacional y personal.

Porque muchas veces el docente espera soluciones absolutas de las autoridades, mientras las autoridades esperan que el docente resuelva milagrosamente todos los problemas desde el aula. Y en medio queda el estudiante, atrapado entre la improvisación administrativa y el desgaste humano.

Peter Drucker decía que “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo”. Sin embargo, gran parte de nuestras instituciones todavía funcionan como si el futuro fuera algo que simplemente ocurre.

Valdría preguntarnos ¿Planeamos realmente… o solamente reaccionamos cuando ya es demasiado tarde?

La planeación exige visión, pero también conciencia del tiempo. Y el tiempo no perdona. Un curso mal organizado no recupera fácilmente aprendizajes perdidos. Una empresa mal gestionada termina agotando a sus trabajadores. Una familia que no administra sus recursos termina sobreviviendo en incertidumbre permanente.

Por ende, la falta de planificación no solamente produce desorden. Produce ansiedad, desgaste y frustración.

Por eso la educación necesita comprender algo esencial, que es, que enseñar también es enseñar a organizar la vida. por lo tanto, no basta transmitir contenidos si no se enseña a priorizar, administrar recursos, resolver contingencias y adaptarse al cambio. Porque la vida jamás ocurre exactamente como fue planeada.

Y allí aparece quizá la reflexión más importante: ¿Estamos formando personas capaces de enfrentar la incertidumbre… o solamente individuos entrenados para obedecer calendarios?

Edgar Morin advertía que el mundo contemporáneo exige aprender a convivir con la complejidad y el cambio. No podemos construir instituciones rígidas para una realidad que cambia constantemente. Así pues, La verdadera planeación no consiste en controlar absolutamente todo. Consiste en prepararnos para aquello que inevitablemente cambiará.

Porque el problema no es que existan modificaciones en los calendarios, en las jornadas o en las exigencias laborales. El problema aparece cuando descubrimos que nuestras instituciones dependen más de la improvisación heroica que de estructuras inteligentes de organización.

Entonces, quizá la pregunta esencial sería: ¿Cuánto sufrimiento laboral, educativo y humano podría evitarse si aprendiéramos a planear mejor nuestra existencia cotidiana?

Tal vez allí se encuentre el fondo de este dilema… La planeación no es un simple requisito administrativo; es una forma de conciencia. Es reconocer que el tiempo es limitado, que las circunstancias cambian y que solamente quienes aprenden a reorganizarse logran avanzar sin destruirse en el intento.

Porque quien no planea termina viviendo apagando incendios.

Y les pregunto: ¿Estamos educando y administrando para construir el futuro… o solamente sobreviviendo día con día dentro del desorden que nosotros mismos hemos normalizado?

Si este artículo despertó alguna idea, una duda o incluso una inquietud… entonces ya valió la pena. Te invito a compartir tu punto de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque, tu voz también construye este espacio.

Hasta el siguiente artículo del Ser y la Nada, Esencia y Tiempo, en donde la antítesis sería: “La improvisación resuelve el instante; la planeación construye el destino.”

*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.

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