Hablar para conectar, construir relaciones y transformar oportunidades
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.
En las últimas dos entregas de estos artículos, se abordó cómo la escritura permite ordenar ideas y cómo la lectura les da origen.
Sin embargo, queda una pregunta que atraviesa ambas prácticas, y así se plantea que: si leer es construir pensamiento y escribir es organizarlo… y, ¿qué sucede cuando hablamos?
Continuamos…
Porque estoy cierto de que hablar no es solo emitir palabras. Es el momento en que el pensamiento se hace visible frente a otros. Es ahí donde se confirma si realmente entendemos lo que creemos entender.
Imaginen esto…
-Una escena cotidiana-, donde una persona intenta explicar una idea en clase, en el trabajo o en una conversación. Empieza con seguridad… pero se detiene, se repite, duda.
Y entonces surge la pregunta: si lo tenía claro en la mente… ¿por qué no pudo decirlo con claridad?
Tal vez, digo, tal vez, porque quien no ha leído con profundidad, difícilmente tendrá ideas sólidas. Y quien no ha aprendido a escribir con orden, difícilmente podrá expresarlas con claridad.
Entonces, hablar bien no es improvisar… es el resultado de un proceso estructurado.
Así pues, la palabra se convierte en un reflejo del pensamiento y la forma en que hablamos revela cómo pensamos.
Un ejemplo sencillo sería: Pues es que yo creo que no salió bien porque hubo varias cosas y como que no se pudo hacer…
Contrastado frente a: El proyecto no se concretó por fallas en la organización. Es necesario revisarlas antes de continuar.
La diferencia se podría considerar como evidente, siempre y cuando se considere lo siguiente: en el primer caso, hay duda y dispersión; y, en el segundo, claridad y dirección.
Observa que, no cambió la idea… cambió la forma de estructurarla.
Y ahí aparece el vínculo fundamental como una simple aseveración que es: El leer aporta el contenido, la escritura permite organizar ideas y el hablar… el hablar les da la vida
Entonces… La oralidad no solo comunica… conecta.
Porque, es a través de la palabra que se construyen relaciones, se pueden generar acuerdos, se transmite confianza y más.
Un breve ejemplo de esto sería:
Pensemos en dos escenarios profesionales.
Escenario 1. Una persona sabe mucho, pero no logra explicarlo. Sus ideas se pierden.
Escenario 2. Otra persona comunica con claridad, escucha y responde con precisión. Sus ideas avanzan.
Aquí se observa que la diferencia no está en el conocimiento… sino en la forma de expresarlo.
Y aquí entran las habilidades que hoy marcan la diferencia: comunicación asertiva y efectiva, una escucha activa y, ante todo, una capacidad de argumentar
Todas ellas nacen en un mismo punto que es, saber hablar con claridad.
Y… se preguntarán ¿cómo se vincula esto con la lectura y la escritura?
NOTA: Sugerencia de revisar Continuamos.mx, El Ser y la Nada los 2 artículos anteriores a esta publicación
Recuerda que nada de esto ocurre de manera aislada, porque quien lee con atención podrá adquirir vocabulario y comprenderá como se construyen las ideas. Y quien escribe con conciencia, aprende a ordenar y distingue lo importante de lo secundario. Así, todo eso se refleja en el habla u oralidad.
Pongamos un ejemplo simple.
Sin lectura ni escritura consciente: Sí está bien, pero hay otras cosas y, no sé si funcione…
Con base en lectura y escritura: La propuesta es viable, pero requiere ajustes en tiempos y recursos.
Observa que la diferencia es la precisión, la cual redunda en que hablar bien no es un don, sino una habilidad que se construye.
Hoy, saber comunicar ideas puede marcar una diferencia decisiva en toda la vida porque, una idea mal expresada puede generar confusión y, una idea clara puede abrir oportunidades.
Al respecto, imagina una entrevista y las respuestas de los candidatos a un puesto laboral:
Pues he hecho varias cosas y creo que puedo ayudar…
Frente a: He participado en proyectos similares, donde desarrollé habilidades en organización y solución de problemas. Puedo aportar eso al equipo.
Sí, la experiencia de ambos candidatos puede ser la misma, pero la forma de decirlo cambia el resultado.
Como colofón diremos que: Tal vez no se trate de hablar más… sino de hablar mejor.
Porque antes de decir algo, basta con detenerse y pensar: ¿Qué quiero comunicar? ¿Cuál es la idea principal? y, ¿Se entiende con claridad?
Y, sobre todo, volver a lo esencial que sería: Leer para tener ideas, escribir para organizarlas y hablar para compartirlas.
Y… retomando la pregunta inicial: ¿Estamos hablando para llenar espacios… o para comunicar con sentido? y, ¿Nuestra forma de hablar refleja claridad… o evidencia o, confusión?
Porque al final, la oralidad no es un acto aislado. Es el resultado de todo lo que se ha leído, escrito y pensado.
Y cuando ese proceso se fortalece… ocurre algo importante; la palabra deja de ser ruido… y se convierte en una herramienta para conectar, influir y crecer.
Porque cuando aprendemos a hablar con claridad… también aprendemos a transformar la manera en que vivimos y nos relacionamos.
Si este artículo despertó alguna idea, una duda o incluso una inquietud… entonces ya valió la pena. Te invito a compartir tu punto de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque, tu voz también construye este espacio.
*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.
