Por: Fernando Lira Flores *

El poder de la evaluación formativa en el desarrollo del lenguaje y la comunicación en las escuelas secundarias

Hoy, en este artículo del Ser y la Nada, les saludo, espero y deseo que se encuentren bien.

En el artículo de opinión anterior, se realizó una narrativa que pretendió orientar al docente lector, a conocer y aclarar algunas situaciones respecto de la evaluación formativa, en este nuevo artículo se relaciona con lenguaje y comunicación en la educación secundaria

En un intento de ser menos académico y más pragmático, se pretender dar tips para implementar la evaluación formativa en secundaria para la asignatura de español en el nivel secundaria

Continuamos…

Es portante para el lector, conocer que la evaluación tradicional basada únicamente en exámenes escritos y calificaciones numéricas no siempre permite una comprensión completa de las habilidades lingüísticas y comunicativas de los alumnos.

En este artículo, exploraremos cómo el enfoque de evaluación formativa, de corte cualitativo, puede potenciar el desarrollo del lenguaje y la comunicación en las escuelas secundarias, promoviendo una visión holística de las competencias lingüísticas de los estudiantes.

Consideraremos los cinco puntos del artículo anterior para poder desarrollar este.

Primeramente, se diseña una evaluación cualitativa. Esta se centra en observar y describir el desempeño del estudiante de manera detallada y comprensiva.

En el contexto del lenguaje y la comunicación, una evaluación formativa de corte cualitativo involucra actividades prácticas como presentaciones orales, debates, interpretación de textos y participación en discusiones grupales, entre otros.

Un ejemplo de esto sería:

Que los docentes puedan evaluar la capacidad para expresar ideas de manera clara y coherente, su habilidad para escuchar y responder de manera efectiva, así como su competencia en el uso del lenguaje en diferentes contextos comunicativos.

En segundo lugar, dedicar tiempo a reflexionar.

La reflexión es un componente esencial en la evaluación formativa de corte cualitativo. Por ende, los docentes deben dedicar tiempo para analizar las fortalezas y debilidades de cada estudiante en el ámbito del lenguaje y la comunicación.

Un ejemplo sería: el profesor debe revisar y comentar los trabajos escritos, escuchar, intervenir y retroalimentar sus presentaciones orales, y proporcionarles oportunidades para reflexionar sobre su propio desempeño.

Todo esto, fomentando la autorreflexión, para que los estudiantes puedan identificar áreas en las que necesitan mejorar y establecer metas para su desarrollo lingüístico.

Otro punto fundamental son los instrumentos de evaluación.

Para obtener una imagen completa del desarrollo del lenguaje y la comunicación de los estudiantes, es necesario utilizar una variedad de instrumentos de evaluación.

Además de las actividades prácticas mencionadas anteriormente, se pueden emplear rúbricas, listas de cotejo y portafolios para recopilar evidencias del desempeño de los alumnos en diferentes situaciones de comunicación.

Estos instrumentos permiten evaluar aspectos como la fluidez verbal, la comprensión lectora, el vocabulario y la expresión escrita.

Como cuarto punto, se requiere potenciar la autoevaluación.

La autoevaluación desempeña un papel crucial en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Al brindar a los estudiantes la oportunidad de evaluar su propio desempeño, se promueve la metacognición y se fomenta la responsabilidad en su propio aprendizaje.

Por ejemplo, los alumnos podrían evaluar su nivel de participación en discusiones en clase, identificar áreas en las que desean mejorar y establecer estrategias para lograrlo.

Aquí, la autoevaluación por medio de la evaluación formativa les permite tomar conciencia de sus fortalezas y debilidades, y los empodera en su proceso de aprendizaje.

Y, por último, comunica y practica la escucha activa.

La comunicación efectiva no solo implica expresarse claramente, sino también escuchar activamente a los demás.

En el contexto educativo, es esencial fomentar la habilidad de escucha de los estudiantes; por lo tanto, los docentes pueden desarrollar actividades que promuevan la escucha activa, como debates en grupo, juegos de roles y actividades de trabajo en equipo.

Además, deben intervenir para formar y proporcionar retroalimentación constructiva a los alumnos sobre su capacidad para escuchar y responder a los mensajes de manera efectiva.

Así, la práctica de la escucha activa mejora la comprensión, fortalece las habilidades comunicativas y fomenta la empatía.

Para concluir, la evaluación formativa de corte cualitativo ofrece una perspectiva más completa y enriquecedora del desarrollo del lenguaje y la comunicación en las escuelas secundarias.

Al diseñar evaluaciones cualitativas, dedicar tiempo a la reflexión, utilizar distintos instrumentos de evaluación, potenciar la autoevaluación y fomentar la escucha activa, los educadores pueden promover un aprendizaje significativo y fortalecer las habilidades comunicativas de los estudiantes.

El próximo artículo pretendo mostrarles un ejemplo para la educación media superior.

Hasta el siguiente comentario del Ser y la Nada.

*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en diversas instituciones educativas públicas y privadas.

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