La inteligencia artificial y el riesgo de aprender sin comprender
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.
Hoy, vivimos en una época donde la inteligencia artificial parece capaz de resolverlo todo.
Hoy un estudiante puede pedirle a una plataforma digital que resuma un libro, explique una fórmula matemática, redacte un ensayo o incluso genere ideas para una exposición escolar en cuestión de segundos. La velocidad con la que obtenemos información resulta impresionante.
Sin embargo, quizá la verdadera pregunta no sea cuánto puede hacer la inteligencia artificial por nosotros, sino qué estamos dejando de hacer nosotros mientras ella responde.
Continuamos…
Durante años, aprender implicaba atravesar procesos complejos. Leer varias páginas para comprender una idea, equivocarse en un ejercicio, volver a intentarlo y construir poco a poco el conocimiento.
Hoy, muchos estudiantes simplemente escriben en su ordenador o Smart phone: hazme un resumen o explícame esto rápido. Y entonces surge una inquietud, ¿Estamos aprendiendo realmente o solamente estamos acelerando la manera de aparentar que aprendemos?
Considero que la inteligencia artificial ayuda a resolver situaciones y posiblemente a estudiar más rápido, pero no necesariamente a comprender mejor. De hecho, en muchos casos, está ampliando la diferencia entre quienes ya poseen hábitos de estudio sólidos, y quienes buscan únicamente terminar tareas con el menor esfuerzo posible.
Porque la IA no piensa por el estudiante. Solo responde. Y ahí existe una enorme diferencia.
Dentro de muchas aulas de secundaria y bachillerato comienza a repetirse una escena cada vez más común.
El docente pregunta al alumno que cómo llegó a cierta conclusión; y la respuesta suele ser: porque eso decía la inteligencia artificial.
La frase parece simple, pero revela algo profundamente preocupante, que es: ¿En qué momento dejamos de cuestionar la información que recibimos?
Tal vez el problema no sea que los jóvenes utilicen la inteligencia artificial para todo.
El verdadero problema aparece cuando dejan de dialogar crítica y profundamente con la información y el tipo de conocimiento que ésta brinda.
Porque aprender no consiste únicamente en recibir respuestas correctas; aprender implica analizar, interpretar, dudar y construir criterio propio.
Sin embargo, la cultura de la inmediatez parece estar modificando incluso nuestra relación con el esfuerzo.
Algunos estudiantes llegan a decir: ¿para qué romperme la cabeza si la IA lo hace más rápido? Y quizá ahí se encuentra uno de los mayores desafíos educativos de nuestro tiempo.
¿Estamos formando estudiantes capaces de pensar… o solamente usuarios eficientes de herramientas digitales? -o tal vez, ni siquiera esto-
Curiosamente, esta situación nos obliga a regresar nuevamente a Sócrates y a la mayéutica, -como se mencionó en el artículo de opinión anterior-.
El filósofo griego enseñaba mediante preguntas, no imponiendo respuestas automáticas. Comprendía que quien aprende verdaderamente necesita reflexionar, equivocarse y descubrir ideas por sí mismo.
Reflexiona en esto: quien piensa, tarda; quien reflexiona, duda y, quien aprende realmente, atraviesa momentos de transición hacia el conocimiento.
Tal vez el gran riesgo de ciertos usos de la inteligencia artificial sea precisamente esto, eliminar el valor pedagógico y educativo del esfuerzo y de la frustración por no haber logrado de inmediato el resultado esperado a una cuestión.
Pero esto también representa una enorme oportunidad para los docentes.
En secundaria, por ejemplo, un profesor de historia podría pedirles a los alumnos que consulten una IA sobre las causas de la revolución mexicana. Sin embargo, posteriormente, deberá formular preguntas de reflexión y análisis como:
¿Qué información consideran incompleta? ¿Qué perspectiva histórica no aparece? ¿Cambiaría la respuesta si la explicara un campesino o una mujer de aquella época? ¿Qué datos deberían verificarse en otras fuentes?
Entonces, la inteligencia artificial deja de ser un sustituto del pensamiento, para convertirse en un detonador de análisis crítico.
En bachillerato, un docente de literatura -por ejemplo-, podría solicitar que la IA interprete un poema de Pablo Neruda o Rosario Castellanos. Para después preguntar:
¿Están de acuerdo con esa interpretación? ¿Qué emociones no logró captar la IA? ¿Puede una máquina comprender verdaderamente la soledad, el miedo o el amor?
Y quizá, ahí aparezca algo profundamente humano que ninguna automatización puede reemplazar completamente, que es la experiencia de sentir y comprender desde la propia existencia.
Porque la educación no debería limitarse únicamente a producir respuestas correctas. También debería ayudarnos a comprendernos como personas, sociedad y país.
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y prohibirla sería absurdo. La cuestión verdadera no es eliminarla, sino enseñar a utilizarla críticamente.
El profesor ya no será solamente quien transmite información, sino quien enseñe a cuestionarla, contrastarla y reflexionarla.
Porque quizá el futuro educativo no pertenezca a quienes memoricen más datos, sino a quienes sepan formular mejores preguntas y resolver problemas.
Como colofón, la reflexión final quedaría entonces de la siguiente manera: ¿Estamos utilizando la inteligencia artificial para ampliar el pensamiento humano… o para renunciar lentamente a él?
Tal vez el futuro no dependa únicamente del avance tecnológico, sino de nuestra capacidad para conservar algo esencialmente humano; debido a que, en medio de tanta automatización, haría falta la reflexión crítica, la empatía y la capacidad de cuestionarnos constantemente sobre algo o sobre todo.
Porque una inteligencia artificial puede responder casi cualquier cosa. Pero todavía sigue siendo el ser humano quien decide qué vale realmente la pena preguntar y considerar.
Si este artículo despertó alguna inquietud o reflexión, entonces valió la pena. Te invito a compartir tus comentarios y puntos de vista en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque tu voz también construye este espacio.
Hasta el siguiente artículo de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo, donde quizá la cuestión más importante no sea cuánto avanzan las inteligencias artificiales y los artefactos construidos por el hombre… sino cuánto seguimos creciendo como seres humanos para poder mejorar.
Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.
