Con la meta de erradicar el castigo físico y psicológico, el DIFEM replicó su programa de crianza positiva en 145 estancias infantiles municipales, alcanzando a más de 5,000 familias. La apuesta por la educación con respeto, empatía y límites claros es un avance necesario, aunque el verdadero desafío será que estas herramientas didácticas no se queden en las paredes de las guarderías y logren transformar los hogares donde la violencia intrafamiliar y la negligencia siguen siendo una epidemia silenciosa en el Estado de México.
Bajo el liderazgo de Karina Labastida Sotelo, Directora General del DIFEM, la iniciativa, coordinada por la Dirección de Servicios Jurídico Asistenciales, inició su aplicación en 10 centros educativos del organismo y ahora se expande a 145 estancias infantiles adscritas a los Sistemas Municipales DIF. El programa está dirigido a padres, madres, cuidadores, personal docente y, por supuesto, a las niñas y niños, con el objetivo de consolidar el vínculo familiar y la conciencia sobre el rol parental en un entorno libre de violencia.
La metodología se basa en un fichero de actividades que brinda herramientas didácticas a las agentes educativas para fomentar la crianza respetuosa. Entre sus pilares destacan la educación con responsabilidad y amor, la creación de entornos estructurados con normas y valores, la estimulación del aprendizaje cotidiano, la exclusión total de castigos físicos o psicológicos y el reconocimiento de las infancias como titulares plenos de derechos. Según el DIFEM, esto ha generado mejoras tangibles en la expresión emocional, la autorregulación y la convivencia.
Sin embargo, mientras se celebran estos 5,000 hogares intervenidos, la pregunta crítica persiste: ¿es suficiente llegar a 145 estancias infantiles en una entidad con más de 4 millones de hogares? La crianza positiva no puede ser un privilegio de quienes tienen acceso a una estancia del DIF. El reto mayúsculo para la administración estatal será escalar esta estrategia, garantizar su seguimiento a largo plazo y asegurar que los padres que no tienen hijos en estas guarderías también reciban las herramientas para criar sin violencia, rompiendo así un ciclo que, de lo contrario, seguirá alimentando las estadísticas de abuso y desintegración familiar en la entidad.
