¿Quién está educando a nuestros hijos…
la familia, la escuela… o el algoritmo?
Por: Fernando Lira Flores*
¡Hola de nuevo! Bienvenidos a esta entrega de El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo.
Permítanme comenzar con una pregunta que, quizá, sea el eje de esta disertación: ¿Quién está educando realmente a nuestros hijos hoy… la familia, la escuela… o los algoritmos que viven en sus pantallas?
La escena es cada vez más común. Un niño con una tableta frente a la tarea escolar. Un adolescente resolviendo un trabajo con ayuda de inteligencia artificial. Un teléfono móvil que responde preguntas más rápido que cualquier adulto en casa.
La tecnología, sin darnos cuenta, ha comenzado a ocupar un lugar silencioso dentro de la vida cotidiana de las familias.
Y ahí surge una tensión que rara vez discutimos con profundidad: mientras la escuela intenta formar pensamiento crítico, en muchos hogares la tecnología se ha convertido, poco a poco, en una especie de acompañante permanente del aprendizaje de los hijos.
No se trata de demonizar la tecnología. Sería ingenuo hacerlo. Vivimos en una época donde el conocimiento circula a una velocidad sin precedentes y donde la inteligencia artificial ofrece posibilidades educativas que hace apenas unos años parecían imposibles.
Sin embargo, la pregunta no desaparece. ¿Estamos acompañando el proceso de aprendizaje de nuestros hijos… o estamos delegando parte de ese proceso a las pantallas?
Ho se advierte que las tecnologías digitales pueden modificar la forma en que procesamos la información y reflexionamos sobre ella. Y, cuando, la información se vuelve inmediata y fragmentada, existe el riesgo de que el pensamiento profundo sea reemplazado por una interacción más superficial con el conocimiento.
En otras palabras, tener acceso a más información no necesariamente significa comprenderla mejor.
Aquí es donde la familia recupera un papel fundamental.
Durante siglos, el aprendizaje no ocurrió solamente en la escuela. También ocurrió en casa, en las conversaciones entre padres e hijos, en las preguntas que surgían alrededor de la mesa o en las reflexiones compartidas sobre lo que ocurría en el mundo.
Hoy, muchas de esas preguntas reciben respuestas inmediatas desde una pantalla.
Pero hay algo que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar completamente que es la construcción del criterio humano.
En este siglo vertiginoso se deben formar personas capaces de contextualizar el conocimiento y comprender la complejidad del mundo. Esa capacidad no se desarrolla únicamente acumulando información, sino aprendiendo a interpretarla, cuestionarla y relacionarla con la experiencia humana.
Y ahí es donde la familia vuelve a ser insustituible. Y entonces…
Porque educar no significa solamente ayudar a terminar la tarea. También significa preguntar: ¿qué aprendiste hoy?, ¿por qué crees que eso es importante? y ¿qué opinas sobre lo que acabas de leer?
Son preguntas simples, pero profundamente educativas. Tal vez el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea impedir que los jóvenes utilicen inteligencia artificial -algo que, además, sería imposible-, sino acompañarlos para que aprendan a pensar más allá de las respuestas automáticas.
Porque una máquina puede ofrecer información.
Pero difícilmente puede enseñar valores, criterio, responsabilidad o sentido humano del conocimiento. Por eso quisiera cerrar esta reflexión con dos preguntas que, espero, nos acompañen después de terminar este artículo.
Si hoy una inteligencia artificial puede resolver la tarea de nuestros hijos en segundos, ¿estamos como padres ayudándolos a comprender lo que aprenden… o solo celebramos que la tarea esté terminada?
Y quizá la pregunta más importante de todas:
En un mundo donde las máquinas pueden responder casi cualquier pregunta, ¿estamos enseñando a nuestros hijos a pensar por sí mismos… o estamos permitiendo que otros -o algo más- piense por ellos?
Tal vez el verdadero desafío educativo de nuestro tiempo no esté únicamente en la escuela ni en la tecnología. Tal vez esté, silenciosamente, en las conversaciones que todavía estamos dispuestos a tener en casa.
Si leíste este artículo, te invito a dejar tus comentarios en Continuamos.mx, en la sección El Ser y la Nada. Esencia y Tiempo. Porque, educar el presente significa formar conciencias capaces de pensar más allá de los algoritmos.
*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.
