México en la caverna digital. ¿Pensamos… o solo reaccionamos?

Por: Fernando Lira Flores*

Hay noticias que no solo informan: sacuden.

En días recientes, una de ellas prácticamente se posó en conversaciones en cafés, oficinas y redes sociales. Todos hablaban del tema. Todos tenían una postura.

Y fue ahí donde me detuve -sí, me detuve de manera consciente- a preguntarme algo esencial: ¿estamos reflexionando… o solo reaccionando?

Continuamos…

Vivimos en un México saturado de información. Titulares urgentes, opiniones inmediatas, análisis exprés y juicios definitivos que aparecen en cuestión de segundos. Sin embargo, mientras más información circula, menos tiempo parece haber para pensar.

Y entonces surge una inquietud profunda: ¿las ideas que defendemos son verdaderamente nuestras o simplemente estamos repitiendo lo que vimos en pantalla?

No pude evitar recordar la alegoría de la caverna de Platón (2003). Aquellos hombres encadenados confundían sombras con realidad porque era lo único que conocían.

Hoy nuestras sombras ya no se proyectan en muros de piedra, sino en pantallas. Noticias fragmentadas, videos editados, opiniones disfrazadas de hechos.

Lo preocupante no es que existan; lo preocupante es que muchas veces las aceptamos sin cuestionarlas.

También vino a mi mente Marco Aurelio, quien en sus Meditaciones nos recuerda que lo único verdaderamente gobernable es nuestra mente (Aurelio, 2006).

No controlamos la economía nacional, ni las decisiones políticas, ni la compleja realidad social del país. Pero sí podemos decidir cómo procesamos la información que consumimos.

Recuerda que: la diferencia entre pensar y reaccionar es, en el fondo, un acto de disciplina interior.

México enfrenta desafíos reales: seguridad, desigualdad, polarización, tensiones económicas internacionales, drogadicción, economía paupérrima; negarlos sería irresponsable. Pero sobredimensionarlos desde el miedo permanente también lo es.

Cuando la conversación pública se convierte en espectáculo, el ciudadano corre el riesgo de volverse espectador pasivo, esto es, comenta mucho, pero comprende poco.

He entendido que creer todo lo que circula no es un acto de apertura; es, muchas veces, una renuncia a nuestra capacidad crítica. La información no siempre es verdad. La viralidad no siempre es profundidad. Pensar exige pausa. Y hoy, hacer una pausa parece casi un acto de rebeldía.

En este punto recuerdo al escritor portugués José Saramago que advertía que la peor ceguera es aquella que nos impide reconocer que no estamos viendo con claridad (Saramago, 2015).

En la era digital, la ceguera adopta formas sutiles: creer que estar informados equivale a estar conscientes; suponer que compartir una publicación es participar activamente en la transformación social.

Yo creo que la verdadera libertad no consiste en consumir todo, sino en discernir. Verificar antes de compartir. Escuchar antes de descalificar. Analizar antes de asumir.

No se trata de desconectarnos del país, sino de conectarnos primero con nuestra razón. Porque cuando todo parece urgente, nada se piensa con profundidad.

Me pregunto -y le pregunto a usted, estimado lector-: ¿estamos contribuyendo a la claridad o al ruido? Cada conversación, cada comentario, cada publicación deja huella. Y esas huellas construyen el entorno en el que vivirán nuestras familias, sociedad y país.

Salir de la caverna digital no significa ignorar la realidad nacional. Significa mirarla con criterio propio. Significa no aceptar sombras como verdades absolutas.

Así pues, pensar, en estos tiempos de saturación informativa, se ha convertido en un acto de valentía.

Tal vez el cambio nacional no comience en los grandes discursos ni en las discusiones interminables en redes sociales. Tal vez comience en la disciplina silenciosa de una mente que decide no reaccionar de inmediato, sino comprender primero.

Si hoy apagáramos por un momento las pantallas y observáramos nuestras decisiones cotidianas, ¿dirían ellas que vivimos desde la conciencia… o desde la inercia?

Yo sigo creyendo que la calidad de una sociedad depende, en gran medida, de la calidad del pensamiento de quienes la integramos. Y pensar bien -con serenidad, con criterio y con responsabilidad- puede ser el primer paso para construir un México más lúcido.

Hasta el próximo artículo de El Ser y la Nada, ese espacio donde no solo reflexionamos, sino donde nos atrevemos a cuestionar aquello que damos por hecho.

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Referencias

Aurelio, M. (2006). Meditaciones. Editorial Gredos. (Obra original publicada ca. 180 d.C.)

Platón. (2003). La República. Editorial Gredos. (Obra original publicada ca. 380 a.C.)

Saramago, J. (2015). Ensayo sobre la ceguera. Alfaguara. (Obra original publicada en 1995)

*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en instituciones educativas públicas y privadas.